La vuelta a clase siempre es difícil
La vuelta a clase siempre es difícil. La Roja vuelve en Saint Denis, donde hace no tantos meses arrancó la clasificación para el Mundial con un 0-1 impecable. Fue, ahora se ve, el canto del cisne de aquel grupo. España llegó al Mundial como número uno del mundo, posición sostenida durante mucho tiempo. Regresó siendo la séptima. Ahora empieza de nuevo, con sólo tres de los que jugaron aquel día. Los ‘bleus’ son casi los mismos. Francia tampoco hizo un Mundial deslumbrante, pero al menos arrancó bien. Al revés que España, saltó del puesto 17º al 10º. Y hasta metió tres goles Benezema.
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Ahora España empieza otro ciclo, aunque lo empieza a medias. Se han ido irremisiblemente algunos jugadores y no está claro que los que vienen detrás empujen lo bastante. Encima, el tránsito nos pilla con Tiago, Javi Martínez, Jesé y Morata lesionados, con Deulofeu por cuajar aún y con algunos de los de siempre en situación equívoca. Particularmente Casillas, del que todos estamos esperando que encadene media docena de partidos buenos para olvidar horrores recientes. A falta de Víctor Valdés, héroe, por cierto, en la última visita a París, nadie empuja aún lo bastante como para apartar a Casillas.
Renovación a medias, decía, por las bajas. Y espíritu decaído. Piqué no está porque le ha dado pereza, no hay otra explicación. Ya lo hizo Gasol en los europeos de baloncesto, lo hacen una y otra vez impunemente los tenistas en las fases engorrosas de la Copa Davis. Pero en la selección de fútbol estas ñoñerías no se habían dado hasta ahora. Pues esta se ha dado y se ha consentido, lo cual quiere decir que empezamos de un poquito más abajo de lo que todos podíamos temer. Del Bosque sigue, sí, pero nada es lo mismo. Ni él, ni Casillas, ni Piqué , ni La Roja. Todo empieza otra vez. En París, ante Francia.




