El Madrid, el Barça, mangas y capirotes
Ahora que el Mundial se detiene un par de días queda tiempo para echar una mirada a la no nata Ley del Deporte Profesional, que los clubes de fútbol esperaban, ilusos, con la aspiración de que se cumpliera la promesa de que comportaría un reparto más equilibrado. Para explicarnos, en lugar de doce a uno entre el que más y el que menos (tres a uno entre los dos grandes, Madrid y Barça, y los siguientes, Atlético y Valencia), se supone que la ley establecería una proporción de 4,5 a 1 entre los que más y los que menos. Se suponía también que a estas alturas ya estaría operativa. Pero nanay.
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El burladero es una fabricación abstrusa, la ‘licencia única’, enredo sobre las fichas federativas que me resisto a explicarles. La consecuencia del retraso es que el Madrid y el Barça siguen gozando del glorioso derecho al despilfarro, sea en Illarramendis o en adherentes a Neymar, y los demás que se apañen. Mientras la cuestión se sigue retrasando (Wert mediante, confeso devoto del Real Madrid) se ha llegado a una nueva renovación de derechos, uno por uno, de todos los clubes. Y ahí anda Javier Tebas, pastoreando la nueva transhumancia, hacía los prados de Mediapro.
Me decepciona Cardenal. Entre su jefe, Wert, y el envolvente Tebas, va dejando para mañana lo que debió hacer anteayer. Si el plan es que el Madrid y el Barça tengan cada año cien millones más que sus rivales europeos, dígase. Tiene su justificación, o al menos su explicación. Si son muy buenos y tienen a los mejores, los derechos internacionales de nuestra Liga pueden valer más. Bien. Dígase, insisto. Y también cuánto valen esos derechos y a quién aprovechan. Pero esta montaña de disimulos no es digna. Y ya resulta del todo indecente que la compensación sea esa ‘challenge’ a costa del fisco.




