Las mulas, el diseño y el árbitro

Apreciado Charles Miller, le escribo nada más salir del estupendo Arena Corinthians, un estadio de diseño moderno que nada tiene que ver con el campo donde usted jugó el primer partido con reglamento que oficialmente consta en la historia del fútbol brasileño (empleados del ferrocarril contra los de la compañía de gas) que se disputó en el descampado donde pastaban las mulas que tiraban de los tranvías de Sao Paulo. Ganó Brasil, pero con mucha polémica y reservada a estallar fuera de las fronteras de su país. Como pasa en muchas partes, si gana Brasil, nadie se cuestiona nada. El porqué sólo aparece en las derrotas. Los ejemplos son que hay más libros sobre la derrota del 50 ante Uruguay o del fracaso de la estupenda selección de Telé Santana en España 82 que del no menos sensacional equipo que maravilló al mundo en México 70. La polémica viene porque el árbitro japonés, pitó penalti en una caída de Fred que todos menos los brasileños consideraron teatro del bueno, luego anuló un gol a Croacia amén de sancionar con una vara de medir muy diferente las acciones de uno y otro equipo. Desde hace tiempo, la Seleçao se ha ganado el título a la mejor de la historia y también el de un equipo bien tutelado por el estamento arbitral, especialmente cuando el waterpolista Havelange era el presidente de la FIFA. La URSS del 82, España del 86 y Turquía del 2002 podrían darle un curso sobre el tema.



