En Flandes se ha puesto el sol

Alfredo Relaño
Actualizado a

Escribo mientras los holandeses dan la vuelta olímpica en el coqueto Arena Fonte Nova. Son conscientes de lo que han hecho, golear al equipo que había dominado el fútbol durante los últimos seis años. Todo el segundo tiempo tuvo el carácter de algo extraordinario, con Holanda desatada, plena de velocidad y salud, y apoyada en un plan excelente. España era frente a eso un grupo desmedrado. Sale de este partido enfrentada a un presente inmediato muy difícil. En el mejor de los casos, el camino apunta a un cruce en octavos con Brasil, a la que ya vimos ante Croacia cómo la protegen los árbitros.

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Y eso que las cosas habían empezado bien, con España mandando (llegando poco, eso sí) y Holanda demostrando poca ambición. Una llegada de Robben, bien resuelta por Casillas, y poco más. Se acercaba el descanso cuando a Silva se le escapó el 2-0 por poco, a pase luminoso de Iniesta. Y casi de vuelta, centro de Blind y cabezazo limpio de Van Persie, que gana a Sergio Ramos. Un contratiempo, sólo eso, pensamos. Pero fue algo más. Fue el traslado de la confianza de un bando a otro. Iba a dar paso a una segunda parte extraordinaria, encarnizadora para nosotros. Una segunda parte de siniestro total.

Todo buen equipo puede perder, pero la forma en que España se desarticuló fue tremenda. Dejó aire de punto final. De que esta generación gloriosa no da más de sí. Hubo un déficit de velocidad y energía, aparte de una inferioridad táctica evidente. Fue la primera noche negra de este incomparable equipo, al que nunca dejaremos de estar agradecidos. Ahora falta ver cómo se recompone esto, si de este grupo aún pueden salir fuerza y fe para afrontar lo que viene, que no es poco: críticas, dudas y Chile. Una Chile que ya nos verá con otros ojos. Más la perspectiva de que un triple empate tras esta goleada nos dejaría fuera.

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