Del Bosque y Ancelotti, la calma común

Alfredo Relaño
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Cuenta Maroto en este ejemplar que Del Bosque rechazó hace cosa de mes y medio una oferta del United, que le hubiera supuesto una mejora económica grande. Pero Del Bosque está comprometido con Villar hasta la próxima Euro y ha preferido no escucharla. (Fue Van Gaal). Ya tuvo un tiempo atrás oferta también del Inter, que quizá pudo tentarle más, porque no habla inglés y eso le apura. “Daría todo lo que tengo por saber hablar inglés”, me dijo un día, lo que no dejó de parecerme un exceso de oferta por tal cosa. El italiano, sin duda, asusta menos. Es, como lo nuestro, latín deteriorado.

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Me gusta Del Bosque porque se toma la vida con calma, no hace una obligación de vida ganar cuanto más dinero mejor, y por cierto vive en un mundo en el que ocurre mucho eso. Su calma, hecha de bonhomía, se traslada a su alrededor y hace que los grupos de trabajo que dirige funcionen bien. Son muchos los éxitos que ha tenido, en una carrera en el fondo corta, porque tardó en arrancar y luego se interrumpió. Pero tiene Mundial, Eurocopa, dos Champions, dos Ligas y una Intercontinental, entre otros premios no tan grandes, pero notables, cuya enumeración podría desbordar este párrafo.

Esa virtud de Del Bosque la encuentro también en Ancelotti, y me parece que esto es algo en lo que muchos estamos de acuerdo, ayer le dieron en Italia el premio ‘Enzo Bearzot’, que honra la memoria de otro técnico que fue como ellos. En la justificación del premio el jurado alaba “la humanidad y la bondad que Carlo Ancelotti posee. (..) Su bonhomía y trato paternal le permitieron siempre mantener a los jugadores de su lado (...) sin tener que recurrir a las actitudes de sargento de hierro.” Ni él ni Del Bosque aciertan siempre, pero ese tono común les ayuda mucho a ganar títulos.

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