Ese saque que Koke no pudo lanzar...

Ese saque que Koke no pudo lanzar...

Iba a lanzar Koke una falta sobre el área del Barça, con 1-1 en el marcador y el reloj apurando los últimos segundos, cuando el árbitro decidió que el partido estaba concluido. O sea, ni saque de falta ni nada. Todos a casa. No pude por menos que recordar un remate de cabeza limpio de Zico, a la salida de un córner, contra Suecia, en le Mundial de Argentina, en el 78. El árbitro, un galés de nombre Clive Thomas cuyo recuerdo se habrá llevado la historia, decidió que el tiempo se había cumplido desde que Dirceu golpeó el saque de córner hasta que Zico lo cabeceó. Y no concedió aquel gol...

Lo recordé ayer, decía, cuando el árbitro del Barça-Atlético, el alemán Felix Brych, no permitió el saque final de una falta sobre el área del Barça. Nada que oponer. Mejor eso que no conceder el gol, caso de producirse y ser inoportuno, como pasó en 1978. Pero el asunto dejó una escocedura inevitable sobre el aficionado. ¿Cuándo se permite que la jugada se complete? ¿Cuándo el árbitro debe dar, como se entiende que fue ayer, por concluido el partido cuando el reloj y la Regla lo dictan? ¿Cuándo, en la permisiva lógica del impulso de ‘las cosas’, se debe permitir que el puro ímpetu del juego corone una acción?

¿Cuándo, cuándo, cuándo? Esa es una de las preguntas a las que ningún viejo aficionado puede encontrar respuesta seria. El Reglamento del Fútbol es un libro de contenido mágico. Nadie lo ha leído, pero todos lo sabemos. Los únicos que lo estudian son los árbitros, y justo ellos parecen ser los únicos que lo desconocen. Tanto miran los árboles que acaban por perder de vista el bosque. Y en esa búsqueda del detalle los hay que aprovechan para darle a este, quitarle a aquel, pitar esto, dejar seguir aquello... Y si se apañan para que sus aciertos y errores convengan a los que mandan, mejor para ellos.