Una goleada que supo a empate

Alfredo Relaño
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Aquí no cede nadie. El turno que el Madrid esperaba favorable no lo fue, y de ahí que ni la goleada rotunda con que acabó el partido del Bernabéu, que incluyó un precioso gol final del Morata, llevara la felicidad a las gradas ni al equipo. La afición empezó inquieta, pitando a la menor a los sospechosos habituales (Benzema y Coentrao) a los que sumó a Bale y a Diego López. El Madrid se adelantó pronto, pero el Rayo cogió el balón y el público, incómodo y picajoso, hacía notar su descontento. Pero el descontento en realidad iba, más que por lo de anoche, por lo de las dos últimas semanas, que retrasaron al Madrid.

Y retrasado sigue, puesto que ganaron Barça y Atleti. Para el Barça el partido de Cornellá fue como sacarse una muela, y puede agradecer la victoria tanto a su constancia como al empujoncito del árbitro al dejar pasar el penalti de Mascherano, que bien podría haber llevado el partido por otros derroteros. En cuanto al Atlético, lo suyo fue bravísimo, con un Diego Costa estelar. Una demostración de poderío de un equipo líder que no tiene mal de altura, que no se siente peor siendo perseguido que persiguiendo, que interioriza lo que su entrenador proclama: partido a partido. Tres puntos y a pensar en el siguiente.

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Así qué cuando el Madrid salió lo más que podía hacer era empatar, es decir, quedarse como estaba antes de la jornada. Y eso pasó. Empató a cinco-cero, pero empató. De ahí las malas caras, las manos arriba reclamando pases, las discusiones en la grada sobre quién es más chupón, sí Cristiano o Bale, que parecen haber entrado en una incómoda competencia, con Benzema como testigo pacifista. Apasionante carrera por la Liga, en todo caso. Y ahora se cruza en ella la Champions, con ese doble tremendo duelo entre el Atlético y el Barça, más el Borussia por otro lado. No podemos pedir más.

 

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