Hacia la totalidad del fútbol
El fútbol es primero una ilusión, luego un juego, y finalmente es una pasión. En un momento determinado, para algunos aficionados que fueron ilusos del fútbol, éste es una totalidad que exige, de manera imperante, el conocimiento. El conocimiento total. Quiénes son los futbolistas, de dónde vinieron, qué hicieron, cuáles eran sus tendencias o sus características, por qué eran buenos. Esa búsqueda del conocimiento total del fútbol es una manera definitiva de quererlo como deporte, y relaciona a las personas ya adultas con la ilusión que se les despertó en la niñez.
Noticias relacionadas
En ese renglón de la categoría de aficionados está Alfredo Relaño, y este nuevo libro lo señala no sólo como un seguidor preclaro del deporte, sino como un sabio que ha sido capaz de conjuntar varios conocimientos aplicándoles su estilo veloz, el que ya conocen los lectores de AS. Esta vez llega a la cúspide (ayer se dijo: “La caja negra”) del conocimiento del fútbol como arte de competición. La historia de los Mundiales que acaba de abordar y que ya está en librerías es un viaje imponente por la historia del fútbol tal como se ha ido haciendo. Los Mundiales son la Expo del fútbol, se dijo también ayer, y por tanto ahí se verifican tendencias, actitudes, novedades del juego y de los jugadores, y de sus entrenadores. Por así decirlo, un Mundial es el momento más glorioso de los que practican el fútbol en los entrenamientos y en los campos de juego; ahí ya no hay otras presiones que el amor a los colores nacionales, a la disciplina de los seleccionadores, que generalmente fueron también futbolistas. De modo que no hay contaminación posible. El Mundial es una gloria en sí misma: da gusto verlo para contarlo.
La visita de Relaño a esa historia lo muestra como el periodista que es: atento, riguroso, dueño de un estilo que nace de los mejores cronistas del deporte (y de otras disciplinas) y que le permite abordar datos complejos, o reiterativos, con la maestría de un enciclopedista que además dispusiera de sentido del humor, y de sentido de la estética. La enriquecedora conversación que se suscitó entre él, Del Bosque y Camacho, que algunos periodistas tuvimos la fortuna de escuchar, fue un homenaje al fútbol tal como se ha ido haciendo. Fue una delicia escuchar cómo otros han amado y aman este deporte que tanta ilusión nos da desde que éramos niños.




