Cómo no te voy a querer
El 18 de marzo el Bernabéu recibirá a sus héroes de Gelsenkirchen con todos los honores. La maldición alemana, que nos amargó muchas noches a varias generaciones de madridistas, se fue a hacer gárgaras con una goleada memorable.


La afición de la 9+1. Ahí los tienen arriba, felices y eufóricos con su Madrid. A las seis de la madrugada ya estaban citados en Barajas. Algunos apenas habían dormido por los nervios, como Rufino y el Obispo, de Carabaña, Javier de Benito, de la We are the Champions, Agustín (una enciclopedia viviente), o Nabil, de Capote y Montera. Otros fueron sin dormir al aeropuerto por su capacidad artística: Toñín el Torero estuvo horas antes en El Chiringuito cantando junto a Camela el ya mítico Cómo no te voy a querer. Para ahorrarse dinero, volaron primero a Ámsterdam, tierra sagrada de la Séptima (¡premonitorio!). Allí tomaron unas pintas, recordaron aquel gol inolvidable de Mijatovic y alquilaron cuatro furgonetas para acoger a los 31 vikingos que formaban la expedición. Apenas 150 kilómetros les separaban de Gelsenkirchen. A Raúl Land (Tierra de Raúl) llegaron a las tres. Tras visitar el centro de la ciudad minera acabaron en la Plaza Ernst Kuzorra y se metieron en el bar donde acuden los fans del Schalke 04. Allí se mezclaron raulistas con DNI español y raulistas con DNI alemán. En honor al 7 bebieron cerveza con generosidad y brindaron por él. ‘Señor Raúl’, ponía en la camisetas de los germanos. ‘Gran capitán’, se serigrafiaba en la de los españoles. Todos se fundieron en un abrazo y se fueron al maravilloso Veltins Arena. Un campo Seis Estrellas, tantas como goles le iban a caer después a los teutones...
Y arrancó la fiesta. El 4-3-3 que ha estabilizado Ancelotti (con Di María en plan siete pulmones) es un rodillo capaz de derribar maldiciones y epidemias de cualquier calibre. En 25 visitas sólo habíamos ganado una vez. En el año 2000. En Leverkusen. Con Del Bosque de entrenador. Cuatro meses antes habíamos conquistado la Octava (¡premonitorio otra vez!). Casi tres lustros después, Ancelotti ha aplicado su sentido común, que en los banquillos suele ser el menos común de los sentidos, para destrozar esa parte de la historia negra del club con una barrida que quedará grabada en nuestras memorias. Un set aplastante. Ningún otro equipo pudo meter seis goles en campo alemán. Y encima lo hicimos con la BBC a pleno rendimiento. Cristiano, Bale y Benzema se los reparten a pares. Tridente bestial. Tienen corazón, músculo y talento. Nadie posee en Europa semejante arsenal ofensivo. Santana y Matip tendrán pesadillas a estas horas. Bale descosió al primero. Cristiano al segundo. Por cierto, el portugués ya lleva 62 goles en la tabla histórica de la Copa de Europa y tiene a tiro a Messi (66) y a Raúl The Legend (71).
Récord de Iker. Con 0-1 paró a Draxler uno de esos balones imposibles que sólo puede detener Casillas. Parada milagrera. Luego llegó el 0-2 de Bale y la sinfonía merengue. Su excompañero Huntelaar la rompió con un golazo para dejar el récord del capitán en 952 minutos. Felicidades, campeón.
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Viva la gente joven. Antes del festival de Gelsenkirchen, en Valdebebas los juveniles firmaron ante el Nápoles una clasificación épica. El golazo de Aleix Febas me dejó afónico. Faltaban cinco segundos para la tanda de penaltis. Los niños son como los mayores. Reyes de Europa.
Éxtasis vikingo. Vuelvo a los héroes anónimos de la afición. Los 3.000 merengues se abrazaron felices, se subieron al autobús y de vuelta al aeropuerto. Hoy toca currar. Con mucho sueño, menos dinero y una paliza en el cuerpo. Pero felices. Extremadamente felices...



