Algo huele a podrido en Dinamarca

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La imagen de estatua pálida, fría e impotente que retrató a Andersen en los dos primeros goles blancos se vuelve una metáfora de este Betis cadavérico. “Algo huele a podrido en Dinamarca”, se quejó el Hamlet de Shakespeare siglos antes de que los béticos se preguntaran lo mismo: el portero del Betis es, incomprensiblemente, el titular de la selección nórdica.
No tenemos portero ni goleador, pero vaya pedazo de videomarcador que tenemos, compadre”, bromeaba un bético. Hace sólo dos semanas, cuando la afición clamaba por la llegada de uno o dos delanteros que amortiguaran al menos la caída, al club le dio por colocar en el Gol Sur ese televisor de un millón de pulgadas. La gente esperaba un marcador (de goles) y le trajeron un videomarcador en el que hubiera que soportar, más grandes y más claros, los tantos, las jugadas y hasta las risas de los rivales. “Nos han robado hasta la ilusión”, se escuchaba a muchos de los más de 40.000 béticos que abandonaron el Villamarín lo más cabizbajos que se recuerda. La grada se acordó otra vez de Pepe Mel. Tras él se anunciaba un precipicio, y por él rueda el Betis hacia Segunda sin frenos y sin dignidad.



