La contracrónica azulgrana

Ganaron los comandantes

Esperábamos goles y hubo fútbol, un fútbol basado en el sentido común y en el entusiasmo. Ninguno se rindió jamás; en el Atlético hubo fuerza y en el Barça la técnica chocó contra un imponderable, la ausencia de Iniesta.

Ganaron los comandantes
Juan Cruz
Actualizado a

Barça capital Fuentealbilla. El Barça depende de una inteligencia colectiva que maneja con una magia de diablura Andrés Iniesta. A veces los futbolistas tendrían que ser clasificados por las lesiones de que son objeto. A Iniesta lo golpearon desde que entró y a Messi quiso Diego Costa anularle el ánimo, tocándole la rodilla, en cuanto entró al campo. El caso de Iniesta es síntomático: lo consiguieron anular de tal manera que lo dejaron fuera de juego varias veces. Como el dinosaurio de Monterroso, siguió vivo, hasta que ya no pudo más, y le dejó el campo a los azares que él evita con una inteligencia de agrimensor artístico. Es un capital del Barça y es la capital de su juego, ahí se concentra toda la inteligencia azulgrana.

Poder y poder. Ganó el fútbol que conciben dos artesanos de la cancha, Simeone y Martino. Los dos vienen de Argentina, pero sobre todo vienen de competir a garras descubiertas. Son partidos que se juegan fuera del campo; el atlético lo tenía más claro: le bastaba con mantener a los suyos, con Diego Costa avanzando contra viento y marea, pero el azulgrana tenía que buscar, entre todas las variables, la que dejara clara la autoridad del dominio de la pelota. Sin Iniesta en la segunda parte, su variable más positiva (que Messi se quedara solo ante el peligro de Courtois) se desbarató, y el argentino, que tuvo las mejores ocasiones, se quedó sin esa asistencia providencial, ya vestido de sustituido. De modo que los dos equipos se quedaron con armas parecidas, y ese juego de poder a poder creó una incertidumbre que unos y otros llamamos uf y que resolvieron los artesanos.

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El fútbol es esto. Lo vi junto al poeta Julio Llamazares, que suele situarse (como aficionado que es de la Cultural Leonesa) en el medio, a favor del fútbol. Lo dijo, como lo dice Flaquer en Carrusel: “Viva el fútbol”. Esperábamos goles (los de Messi, los de Costa: esos son los tópicos de los que vivimos los aficionados) y resultó que fue un partido del medio campo. Ningún equipo renunció a lo que es, y eso le dio al partido una prima de honestidad que hizo que no hicieran falta los goles para que ganara el fútbol.

Messi y el Junior. En esas condiciones no es imprescindible que haya héroes sobre el campo, sino buenos artesanos; que se le pida a Messi el milagro del gol es lógico, y que se le exija a Neymar que rompa a jugar como se espera también entra dentro de la dialéctica de los contratos. Pero es que no fue un partido para ellos, sino para Arda Turan, para Mascherano, para Piqué, para Courtois, para Valdés…, las estrellas tenían que superar esos trámites. Y esos trámites también juegan al fútbol. Y lo hicieron también que unos y otros impidieron que las estrellas (Messi, Costa) brillaran a su albedrío. Ganó, pues, su fútbol, el de los comandantes, no el de los generales.

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