El sueño, Pedro y la rabia
Es el factor humano (por evocar el título que le puso John Carlin a su admirable libro sobre el inolvidable Mandela). El factor humano juega un papel imprescindible en los partidos, como si fuera la respiración subterránea de los equipos. Aunque a los futbolistas se les vea desganados, por dentro les bulle, hasta que estalla, la burbuja en la que se alojan el sueño y la rabia. En el equipo cartagenero, el sueño funcionó mientras se pudo, y cristalizó en el gol de Fernando, que quería reivindicarse ante uno de Primera después de su frustrada estancia en el Sevilla.
Pero poco duró el entusiasmo del equipo y de la grada porque ese otro factor humano, la rabia, se iba concentrando en otro futbolista de profunda raíz reivindicativa, Pedro, que por dos veces (y casi dos veces más, si se hubiera atrevido) desbarató la ilusión que tenía el chico de vencer al grande. Esos dos trallazos del tinerfeño, al que Martino tiene a prueba sin percibir que ya está más que probado en su calidad goleadora, y un gol exquisito de Cesc Fábregas desnivelaron los arrestos de los aspirantes de Cartagena.
Mientras se cocía la rabia de Pedro, ese factor humano que remueve también su estética del juego, advertí que se escuchaban otra vez clarines de miedo, como si el Barça estuviera vencido. Me alegró que fuera el canario el que sacara la rabia, que es la sustancia en la que el Barça tiene que bañarse cada vez más. El factor humano. Ahí entra el saludo de Puyol al debutante Dongou cuando éste marcó el cuarto.




