Crónica provisional del desastre

Juan Cruz
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Ya no pasan bien, y si lo hacen se caen; y cuando se caen se levantan mal; los persiguen y los agarran, y cuando pierden la pelota ya se sabe que se va a producir un drama que no podrá arreglar con seguridad la defensa; el portero responde a las expectativas: es peligroso con las manos… y con los pies. Hasta el entrenador, que era un hombre moderado en las formas escupe en el suelo (disculpable: la tensión se va a la saliva) pero comete el error justiciero de enfadarse con el árbitro. Las joyas se resquebrajan, juegan a destiempo y cuando son geniales el brillo les dura lo que un caramelo en la puerta de un estadio. Esta es, pues, la crónica provisional de un desastre al que ya se le puede llamar por su nombre: crisis de juego, y por tanto, esto en fútbol se llama crisis de equipo, crisis de identidad, cuesta abajo en la rodada.

Pero no conviene hacer sangre, no debemos: este equipo entró en crisis hace rato, lo disimuló su buen comportamiento en la bolsa de la Liga, pero ahorita mismo está comportándose como si se le hubiera gastado la gasolina que había ahorrado. En todo caso, es un equipo provisional. Pero provisionalmente está fatal. Ni siquiera los remiendos son los adecuados; canta el mexicano José Alfredo Jiménez, pues desde México escribo, que se empieza siempre llorando y así llorando se acaba. Cuidadito, Barça, que te queremos bien. Si nos despierta el equipo que al menos despierten y empiecen a pensar en qué momento (y esta frase es de Vargas Llosa) se jodió el Perú.

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