La afición quiere al Iker de Turín

Cuesta acostumbrarse ver a Iker defendiendo la portería del Madrid cada tres semanas. Su última aparición con la camiseta que defiende desde los nueve añitos, la de su Real Madrid, fue en Turín, el 5 de noviembre. Deslumbró a toda Europa con sus paradas made in Casillas. Una pierna milagrosa a cabezazo de Marchisio y un desvío providencial que evitó un autogol de Pepe. O sea, el Iker de la Novena en Glasgow, el del paradón a Perotti en Sevilla, el de los penaltis detenidos a Italia en Viena 2008, el del Pie de Dios a Robben en la final de Sudáfrica, el de la parada prodigiosa a Rakitic en la Euro de Ucrania y Polonia...
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Le recuerdo al ‘1’ todas estas hazañas, que reposan en la memoria de los buenos aficionados al fútbol, para que Casillas ponga en la balanza de dónde viene antes de decidir dónde va. Entiendo al Iker persona que vive en una tormenta interior por todo lo que le ha sucedido en la vida en el último año. Su buena estrella pareció abandonarle aquella desdichada tarde en la que Mourinho le dejó en el banquillo de La Rosaleda en un claro ajuste de cuentas.
Pero Ancelotti, un buen tipo, se maneja por otros registros y en agosto optó en la Liga por Diego López por una cuestión puramente futbolística. Lo que debe hacer el capitán es luchar por recuperar el puesto ante un compañero que cada día se entrena como una fiera en Valdebebas y al que tampoco le han regalado el nirvana profesional que está disfrutando en este momento. Iker debería anunciar ante los medios que se queda hasta 2017 y que cumplirá su contrato “sí o sí”. Si al final se va en junio, todos fastidiados. Perderá él y perderá el Madrid...



