Españolizar + canterizar igual a éxito

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El 15 de diciembre de 1995, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea declaró ilegales los cupos de extranjeros de jugadores nacionales de estados miembros de la misma. Fue la famosa Ley Bosman, que abría las fronteras y permitía fichar jugadores europeos de la UE sin ocupar plaza de foráneo. Los clubes aprovecharon la coyuntura para llenar (y rellenar) sus plantillas con jugadores de medio pelo, a menudo de menor coste y con sueldos mucho más bajos. Fue un golpe en el hígado a las canteras y, por extensión, a la tradicional política de fichajes españoles. Cuando yo era un bebé de un año y dos días, el Madrid ganó la Sexta Copa de Europa, la de los Ye-Yés, con once españoles en el estadio Heysel ante el Partizán (2-1). Nunca más podrá ocurrir algo así...
Veo estupendo abrir las fronteras para traer un Cristiano (¡por tíos así de grandes uno se siente medio portugués!) o un Bale. Pero para que veamos en un once a gente como Gravesen, Diogo, Pablo García, Cassano, Drenthe o Altintop es mejor buscar identidad nacional. En Valdebebas o en la piel de toro. Me da igual. Sergio Ramos, Isco o Xabi Alonso nunca te van a dejar mal, igual que en Almería la afición se ilusionó con las diabluras de Carvajal (el sábado se hinchó a dar pases de gol), Jesé (un genio anda suelto) y Morata (su ‘palanca’ resucitó a nuestro Raúl por un día). Ver nueve españoles durante doce minutos fue un sueño. Y acabar con seis canteranos, la releche. Con ADN madridista es mucho más fácil crecer, creer y progresar. Cristianos y Moratas. Sí o sí.



