Rubén, el misterio del derbi

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Las banderas de hoy en Sevilla y Betis no se han criado en la carretera de Utrera ni en Heliópolis, pero se han metido hasta las trancas en la idiosincrasia de sus clubes. Rakitic le sugirió a Monchi que dejase lo de la venta para otro rato y a Rubén, de tumbo en tumbo toda su carrera, Mel le hizo el favor de su vida cuando le dijo a Carlos Bucero que no saliese de la reunión en que se había metido hasta que lo sacase del Depor. Le costó una noche en vela. Lo consiguió.
Del estado de Rakitic no hay dudas. En pleno apogeo, y eufórico con la idea de acudir al Mundial, manda, desplaza y las mete de cabeza y de volea. De mediocentro o de mediapunta, es la luz del Sevilla. De Rubén no hay pistas. Su estado físico es un misterio y su posición, un asunto de Mel, maestro de sorpresas en el derbi. Rubén Castro siempre ha sido un jugador enigmático, pero detrás de sus huellas siempre ha estado lo mágico, que es el gol. 68 desde que viste las trece barras. Hay una carga de subidón moral para el Betis con la vuelta de Rubén. Pero en un derbi se revuelven demasiadas emociones. 117 después, sus claves son inescrutables.



