Destellos del jugador ausente
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Este es un tímido homenaje a Messi. El futbolista más destacado del Barça de las últimas décadas ha sido perseguido recientemente por algunas sombras entre las cuales cabe destacar la suya propia. Tras una pretemporada deslucida e inútil se le reprodujo una lesión que lo apartó del equipo en medio del rumor del mundo: Messi está mal. Eso se decía. Tanto se ha repetido el aserto que parecía que un equipo universal de médicos había llegado a un dictamen de no retorno. Los partidos se han esperado con un morbo añadido: ¿qué hará Messi? Se ha especulado sobre su ausencia reiterativa de la pantalla de los goles y se ha medido su sonrisa con el metro iridiado de los fanáticos y también de los moderados.
Finalmente, anoche, en medio del aire otoñal de su figura cientos de ojos acudieron a ratificar el dictamen y han tenido que posponerlo. Con aciertos y con errores, como un futbolista más, el gran jugador del Barcelona hizo un partido honesto, trabajó con un tesón que en otros se vería como altamente meritorio y además marcó dos goles, uno de ellos de penalti, ejecutado con la solvencia de un buen profesional del gol, y otro con una vaselina que en otro momento, y en otro nombre propio, hubiera sido materia de entronización. Pero nos hemos metido en la cabeza que tenemos que mirar de reojo a Messi, como si se hubiera acabado su repertorio. Claro que no se ha acabado. Me dio mucha alegría su segundo gol, como si un sobrino muy cercano hubiera marcado el primer gol de su vida.




