Barcelona 2 - Real Madrid 1 | La contracrónica

Lo raro es el azar

El Barça ganó sufriendo en el Clásico más peligroso de su reciente historia. Hubo dos tiempos, uno para cada equipo. Los cambios del Madrid le mejoraron la cara. Los del Barça desdibujaron al líder. El resultado fue producto del azar y del genio de Alexis.

Lo raro es el azar
Juan Cruz
Actualizado a

El azar. El Barça jugó con la sensación de que le iba la vida en ello y empezó recordando sus mejores tiempos. El toque, el famoso tiqui-taca, la preponderancia de la media en la organización del juego, la aspiración de encontrar a Neymar donde estuviera. Esa fue la táctica: esperar a que llegara Neymar. Es una novedad. Y Neymar llegó. Enfrente, el Madrid no sacó la libreta de jugar, renunció al centro del campo a favor de su propia palidez futbolística. Pero, como el Barça, confió en alcanzar, en los metros finales, a su baza principal, Cristiano Ronaldo. Pero mientras que los azulgrana tenían a Iniesta para regalarle balones a Neymar (uno propició el primer gol), los blancos tenían para esa tarea a un hombre mucho menos experimentado. Sergio Ramos no era capaz de crear el azar necesario para que Cristiano hiciera lo que sabe, agarrar y rematar. El azar y el juego fueron locales. Y la primera parte terminó justamente a favor de las intenciones de Martino.

Los blancos. Ancelotti resolvió sus dudas demasiado tarde, a mi modesto juicio. Pero en la segunda parte su equipo alcanzó el resuello que le había faltado en la primera mitad. Y se produjo una interesante paradoja: los blancos acabaron como locales y los azulgrana hicieron el papel asignado antes al Real Madrid. En medio de esta situación tan peligrosa, pues el Barça atrás presenta un esquema de extrema ansiedad, se produjeron algunas faltas que el Madrid reclamó con ahínco, mientras discurría el juego y cuando ya éste había terminado. Es probable que esa protesta, seguramente muy fundada, interrumpa una reflexión más poderosa: el Madrid es un gran equipo que tarda en disponer en el campo su verdadera fuerza, que es la capacidad del mediocampo para abastecer a Cristiano. Éste tuvo un ataque de rabia retrospectivo cuando Alexis marcó ese gol extraordinario y reclamó de nuevo el penalti que había sufrido sin el acuerdo del árbitro. Esa rabia puede nublar, me parece, un pensamiento más hondo sobre la razón de la derrota madridista. Si se quiere hablar de los árbitros, siempre habría que hablar de los árbitros. Pero muchas veces esa discusión sobre el azar arbitral rebaja la intensidad de la autocrítica, y este equipo blanco necesita pensar más sobre el fútbol que hace.

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El imán. Neymar es ahora el imán del Barça. Este hecho tiene consecuencias en la cancha, que está francamente desnivelada. Messi es todavía el foco, pero ahora esa luz está dividida; hay en el futbolista brasileño una atracción que ya afecta incluso a Messi, que juega hacia la zona en la que su joven compañero discurre como si fuera un pez en el agua. Cuando Neymar marcó su gol, Messi acudió a él mostrando una alegría inequívoca. Creo que no es útil detenerse en las diatribas sobre las diferencias entre ambos. Quizá las dos últimas jugadas del partido, protagonizadas por Messi, son el testimonio más eficaz sobre la forma del argentino. Lo demás son ganas de especular. Como hablar, ay, de los árbitros.

Los Clásicos. En literatura un clásico es una obra de arte que la gente suele dejar a un lado en las bibliotecas. En fútbol, un Clásico es un partido en el que se disparatan las tácticas porque los futbolistas están más pendientes del corazón que de la táctica. Creo que ayer se produjo, en un tiempo y en otro, ese síntoma: en la primera parte el Barcelona creyó que era el de siempre, y el Madrid se olvidó de sí mismo. Luego se cambió la tónica. El resultado final pudo haber sido el contrario. Pero si en un Clásico no juega el azar es que no se trata de un Clásico sino de una obra de arte. El fútbol, como se decía antiguamente, es así: la consecuencia de una serie de casualidades que esta vez beneficiaron a los azulgrana.

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