La Champions, al rescate de Ancelotti
A Ancelotti le tiraron de las orejas sus jugadores anteayer por la mañana, a la noche cenó con sus jefes. Está débil, pero no hay que alarmarse: Dios aprieta pero no ahoga. La Champions viene a su rescate, con un partido providencial ante un rival menor, el Copenhague, pura vitamina para estos días desmedrados. “No sé si jugará Benzema, pero si juega lo hará muy bien”, dijo ayer, crecido. ¿Jugará Benzema? ¿Jugará Casillas? Lo primero se lo preguntaron y dio esa respuesta evasiva, lo segundo no se lo preguntó nadie así que valdría acogerse a respuestas anteriores, pero no sé, no sé. Esa cenita...
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Ancelotti es ahora mismo un pecio a la deriva que mira al mar desde el mar. O se decide a ser él mismo, con o sin Casillas, con o sin Benzema, y se atreve a decirles a plantilla y presidente que su trabajo es inalienable o está liquidado. Un entrenador no puede ser el depositario de la voluntad asamblearia ni menos el títere del presidente. Un entrenador es un tipo al que se confía una tarea difícil, es el hombre que debe resolver una ecuación que mezcla caprichos, politiqueo, ajedrez táctico y sentido común. Es un trabajo difícil, que obliga a decidir, a decir ‘no’ muchas veces. A los que no juegan y al presidente.
Lo que no se puede es decir que sí a todos, porque todos (todo) no caben (cabe). Por ejemplo: si Bale no está, no está. Y si se inaugura una sala para Fly Emirates pero Bale no está para salir, habrá que decirles a los egregios invitados que otro día será. Y es obvio que no estaba a punto, ya que anoche ni fue convocado. Y si Benzema está en plan chica de la estación (como tantas veces), mejor será quitarle a él y no a Isco antes que tener que justificar la decisión con un deplorable propósito de balones a la olla que además de sonar feo no colaba. En fin: al menos el Copenhague llega a tiempo. Vitamina Champions.




