Xavi salva la partitura y la pintura
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Si nos tomamos el fútbol como se debe, es decir, en serio, ha de concebirse como una obra de arte. Si no, además de aburrido, resulta un tostón. Hay en el fútbol momentos sublimes que parecen dibujados por Leonardo, con la perfección que el maestro le dio a todas sus obras. Hay momentos modestos, en que parece que ni un maestro salva el marco. Ocurre el mismo símil con la música: la partitura puede ser excelsa, pero el resultado es un sonido inaguantable. El último martes el Barça tuvo a Leonardo da Vinci en el equipo, y anoche hasta que no vino Xavi allí no hubo otro pintor que Messi, pero dio tan solo un brochazo.
El capitán (que, por cierto, se encontró con el encono del otro capitán, Valdés, en los compases finales del partido) es un extraordinario director de orquesta, un pintor de batallas serenas. Bajó el fútbol al césped, hizo correr la pelota como antiguamente y se sirvió de su memoria para hacernos regresar a instantes de placer que fueron escasos pero que siempre se debieron a sus botas. El resto del partido no fue nada, como si se disputara tan solo para decir que ocurrió. El resultado lo dice: 0-2. Y eso fue, el Almería, mereció un cero y el Barça a duras penas llegó al dos. Suspendidos ambos. Menos mal que pinta Xavi.




