Del Bosque acomete con tiento el relevo generacional

Juan Cruz
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La savia. La dispersión futbolística que ha desencadenado la crisis de los clubes ha puesto énfasis en la importancia de la cantera española. Ha sido el extranjero, como en otro tiempo y también en otras disciplinas, el que ha puesto en valor a futbolistas que aquí eran estimados pero a la vez eran desdeñados por directivas y por entrenadores. Por unas u otras razones, y también porque les dio la real gana, se han ido a probar suerte a otros equipos europeos. Ahora ya tenemos que ver otras ligas (la inglesa, la alemana, por ejemplo) para saber cómo se comporta la savia que constituye el futuro del fútbol que habla nuestro idioma. Del Bosque. Es un momento delicado para los clubes, que ya saben a qué se exponen si no controlan bien los egos y también los salarios y otros estímulos de los futbolistas más competitivos. Y es un momento de suma importancia para la Selección, que se apresta a iniciar un curso decisivo al final del cual reivindicará, o no, pasadas glorias. Por eso era tan delicado ahora el cometido de

Del Bosque. En España hay otros personajes, entrenadores aparte, que tienen, dentro y fuera del fútbol, una tarea difícil por delante. Pero la de don Vicente no es menor. Aunque le pone sordina a la trascendencia de lo que hace, su mano importa. Y ha demostrado cómo lo hace: lo hace como lo ha hecho.

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El cambio. Sin aspavientos, como lo suele hacer, ni al exceso de importancia, Del Bosque ha abordado de un plumazo el cambio generacional. Sin concebirlo ni explicarlo como una escaramuza, sin otra diplomacia que la naturalidad, ha puesto en el banquillo o en la reserva a glorias importantes del fútbol reciente, como Xavi o como Busquets, y ha atraído a la selección a gente como Thiago o como Tello o como Isco. Para hacer una Selección hay que escuchar el fútbol, y no sólo el corazón, sino la intuición. Los seleccionadores tienen algo de editores de libros: se fijan en los autores cuando están naciendo; ya consagrados son menos manejables. Ha abordado, pues, el cambio sin que parezca el cambio, sin que él tuviera que decir esa palabra. Pero hemos llegado a una nueva época del fútbol de La Roja. Lo veremos.

La reacción. Me fijé en algunas reacciones a la convocatoria. Alguna fue emocionante. Como, por ejemplo, la que mi paisano Pedro le envió a Tello. Su alegría es saludable. De Pedro se esperan estos gestos. Como de Del Bosque se espera que haga sin estridencia ni palabrería lo que acaba de acometer. Como decía mi madre, una sencillez es muy bonita.

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