5.000 ayer en La Rosaleda

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Hace apenas cinco temporadas los entrenamientos del Málaga eran a puerta abierta. No iba casi nadie a verlos. Menos de 30 personas entre jubilados, representantes de jugadores y niños que hacían novillos en el colegio. Los medios de comunicación tampoco prodigaban sus presencias, pero los entrenadores y jugadores temían como al diablo la presencia de fotógrafos y cámaras de televisión que solo estaban pendientes de posibles altercados, calentones o broncas. Recuerdo una gran pelea a tortazos entre Sandro y Musampa, que fue portada nacional, que marcó un punto de inflexión a la hora de regular la carta blanca que, antaño, tenían los medios de comunicación. Cuando Ferreira cerró las puertas, las cosas cambiaron.
Ver ayer a 5.000 personas viendo un entrenamiento es un fenómeno, otrora desconocido. La gente se aburre de lo cotidiano y valora lo novedoso. Y ahora, presenciar un entrenamiento del Málaga ya es un lujo. Casi todos los equipos trabajan a puerta cerrada. De esta manera aseguran intimidad en el trabajo diario y alejan los fantasmas de un amarillismo patético y nada interesante.



