La sencillez empieza a ser el tono de los entrenadores de fútbol

Juan Cruz
Actualizado a

Pedantería. Tengo un amigo que prefería ver las conferencias de prensa de cierto entrenador que los partidos que éste dirigía. En ciertas ocasiones, es cierto, los que se sientan en los banquillos quieren ser más importantes que el juego mismo. Esa pedantería ha tenido entre nosotros varias etapas y algunos nombres propios. Hemos tenido al entrenador sudoroso que sufría al borde del campo como si estuviera en la Semana de Pasión. Estaba también el entrenador que corría la banda sin mirar al campo y terminaba en cuclillas contemplando el suelo como si ahí estuviera su oráculo. Estaba aquel que se enfadaba con todos menos consigo mismo y que le retiraba la palabra a los periodistas.

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Sencillez. Están cambiando las cosas. Se está volviendo por una senda que no tiene que ver con ninguno de esos paradigmas. Por así decirlo, se está volviendo a los modos de Vicente del Bosque, que fue expulsado del Real Madrid cuando mejor lo estaba haciendo por un capricho de su presidente, que añoraba un entrenador con glamour. Después vinieron algunos con glamour y no hicieron nada. Intentó el mismo presidente, en otra etapa de su vida al frente del club, poner a un caballero tipo Del Bosque en la figura de Pellegrini y también acabó con él de mala manera. Eran personas sencillas, capaces de hablar de fútbol, y al mismo nivel, con la grada y con los directivos. A Del Bosque ya la historia lo ha reivindicado y ahí tienen a Pellegrini, caballero chileno hablando inglés en una de las tres mejores ligas del mundo.

Buena gente. Ahora tenemos en los banquillos al menos a tres personas sensatas que bajan a reducir la tensión de los banquillos, innecesariamente subida de tono en estos últimos tiempos. Me refiero a Djukic, del Valencia, capaz de hacer declaraciones sensatas en momentos complicados (como el supuesto traspaso de Soldado), a Ancelotti, del Madrid, que es como una balsa de aceite donde antes hubo aguas turbulentas: un tipo respetuoso con todos… Y me refiero a Martino, el nuevo entrenador del Barça. Un amigo me envió ayer este mensaje desde Buenos Aires: “Es un buen míster, apropiado para el Barça. No es de esos que van por ahí pavoneándose con su pedantería e ignorancia sino un tipo que sabe de fútbol y, por lo que sé, buena persona”. Una nueva era en los banquillos. La sencillez se sienta en los banquillos. Al fin.

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