Olvidemos su pecado original

Olvidemos su pecado original

Pernía, que presume muchas veces de conocimientos en el terreno de la teología, entenderá de lo que quiero hablar: juzguemos a Paco Fernández por lo que haga o deje de hacer a partir de ahora y no por el estigma que le han dejado los que le han fichado. Él, que estaba feliz en Mieres, no tiene la culpa de la espiral de demencia en la que han metido al Racing. Él tampoco debe pagar por las operaciones que lleva haciendo Botas en el Racing, que se resolverán en el juzgado, desde que conoció al de Cóbreces camino de A Coruña. Paco, por ahora, de lo único que es culpable es de que le haga ilusión fichar por el club que jugó, con el Barça, en 1.928, el primer  partido de la historia de la Liga. Y, qué quieren, a mí, como racinguista, eso me enternece. No se lo puedo reprochar.

Mira qué cara tiene de exentrenador", me dijo un observador ayer en La Albericia. Al paso que va la burra en los dos últimos años, lo lógico es que eso pase más pronto que tarde, pero no porque venga del Caudal o porque no haya pasado de Segunda B (categoría, no olvidemos, en la que juega el Racing). No; cualquier currículum valdría para poco en esta casa de locos. ¿O es que se creen que a él no le dio vergüenza salir a mitad del vestuario y decir "Hola, soy Paco"? Le han dicho que hay muchas posibilidades de jugar en Segunda, le han dicho que podrá hacer y deshacer en el apartado técnico, le han dicho... A estas horas ya sabe que le han mentido, pero que solo le queda dar pedales para no caerse. Yo, desde luego, le doy el beneficio de la duda. Ahora, si resulta un maula...

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