Torres o el triunfo de una pasión

Raúl Romojaro
Redacción de AS
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Tras los disgustos en forma de caídas de las jornadas precedentes (especialmente con las lesiones de Lorenzo y Pedrosa), ayer volvió a salir el sol para el motociclismo español. Otro triplete de victorias y muchos de los nuestros haciéndonos disfrutar, desde Rins a Márquez pasando por Pol Espargaró, Luis Salom e incluso un renacido Julián Simón. Pero si tuviera que quedarme con un único nombre propio de este GP de Alemania, no tendría dudas: Jordi Torres. Su victoria en Moto2, además de inesperada, es la merecida recompensa para un chaval excepcional dentro y fuera de la pista, pero también el triunfo de una pasión que le ha servido para superar algo tan duro y traumático como la muerte de un hermano con el que compartía ese mismo amor por las carreras.

Rubén Torres falleció en Montmeló en 2006 y Jordi seguro que llegó a plantearse si todo aquello tenía sentido, para qué seguir compitiendo ya cuando el destino se había cebado de ese modo tan cruel con su familia y con él mismo. Pero pensó que la mejor manera de tener siempre a su hermano a su lado sería continuar adelante con lo que tan felices les había hecho a los dos y no desperdiciar ese regalo de su talento. Continuó su trayectoria deportiva en el CEV y Aspar le dio una oportunidad en el Mundial, que también quería aprovechar. Siempre pensando en Rubén, dedicándole cada resultado y buscando fuerza en su memoria en los momentos más difíciles. Y en Sachsenring esa mirada al cielo de Jordi cobró más sentido y valor que nunca. Va por ti, Rubén...

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