Isco, Raúl, Guardiola, los escudos de un equipo y el beso del futbolista

Juan Cruz
Actualizado a

El escudo. Me pareció obscena esa insistencia de los que presenciaron la entrada de Isco al Real Madrid en su deseo absurdo de que el joven futbolista besara el escudo del equipo al que viene después de su impresionante carrera en el Málaga. Imagino cómo se sentirían Antonio Banderas, Antonio de la Torre, Paco Pérez Bryan y otros seguidores acérrimos del equipo malacitano cuando observaron que unos desalmados madridistas querían quitar de los labios del joven Isco el gusto del viejo escudo. Como en la copla, el que besa un escudo es que besa de verdad. No se ama un equipo en el instante en que se estampa la firma en un contrato. El amor se va haciendo, como en la vida. Y estuvo muy bien el nuevo fichaje del Madrid cuando explicó por qué no besaba (aún) el nuevo escudo: porque ese beso se lo tiene que ganar en el campo.

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El anillo. Jorge Valdano contaba qué pasó en los campos infantiles cuando se puso de moda (lo puso de moda Raúl) besarse el anillo después de una jugada de éxito. Raúl lo hacía porque estaba prometido con una chica y ese anillo se suponía que representaba la importancia de un sentimiento, asociado en ese instante a un triunfo. Pero los niños, que seguramente no tendrían aún prometidas, hacían lo mismo: se besaban el anillo cada vez que marcaban un gol. Ahora se ha puesto de moda besar el escudo. Y a mí ese gesto me resulta de una cursilería inaguantable. En el campo (como sugiere Isco) es otra cosa. Pero, si no se dan las circunstancias de pelea que marcan las disputas del fútbol, ¿a qué viene esa manía de besar la bandera?

Equipos diezmados. Pep Guardiola, que regresa con sensatez y con elegancia al campo de fútbol, a esta pasión que nunca duerme y que él ejerce con unción claustral, ha tenido esta semana dos intervenciones que conviene subrayar. En primer lugar, en su línea, defendió a la Selección de Del Bosque: alguna vez tenía que perder. Pero su porvenir sigue intacto. Así se habla, Pep. Y dijo también que el fútbol español lo hace muy bien con los jóvenes. Bueno, no tan bien. Visten santos desvistiendo otros. Vitolo era la bandera de la Unión Deportiva Las Palmas. Se va al Sevilla. Isco era el escudo del Málaga. Ahora tendrá que besar el del Madrid. Si a los equipos les arrebatan los grandes sus emblemas, ¿qué va a ser de ellos? Pero así es la vida, una mezcla de beso, de desengaño y de pasión.

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