Todo irá bien en Múnich
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La historia de Pep Guardiola se resume en los seis meses que dedicó a aprender alemán para entenderse con su nuevo club. No sabía alemán, claro; pero es que hace un tiempo no sabía inglés, y ya lo sabe muy bien. Aún más: quien lo veía (como quien veía a Raúl) podía deducir que ese cuerpo jamás sería el de un futbolista de élite. Pero aprendió a serlo. Y cuando lo hicieron entrenador del Barcelona, los amantes de los malos augurios le echaron el ojo travieso que la gente educa para decir cuántos telediarios le quedaban en el oficio. Y entonces batió todos los récords en la historia de su equipo.
Ese rigor y esa exigencia han sido los motores de su trayectoria; no es cabezonería, es la inteligencia puesta al servicio de un oficio que ama. Por eso todo le irá bien en Múnich, y si le va mal, conociendo al Guardiola de los fracasos, será el primero en salir a la puerta para decir en qué fue mal aquello que se propuso. Es una persona que ha puesto al servicio del fútbol la sensatez y el trabajo, y es cierto que no se vanagloria, sobre todo porque su gloria no es vana.




