Es pasar del 600 a un coche de lujo
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No es cualquier cita. La visita del Real Madrid siempre ha sido nuestro derbi, más que el de la Real, y si encima es la última en el viejo San Mamés... Me trae grandes recuerdos, uno imborrable, el de la segunda Liga que ganamos con Clemente, en la 83-84. Fue un año duro, me había roto el cruzado en el Teresa Herrera. Entré para jugar el último cuarto de hora y a tres minutos del final marqué el 2-1, que nos dio medio título. Fue un centro largo de Goiko al área y vi que salía Miguel Ángel. Amagué con ir, se estorbó con Bonet y metí la puntera. ¡Qué alegría! Tengo en mi casa una foto de dos metros con esa imagen.
Hay mucha nostalgia en el traslado de campo, pero también ilusión. El día más duro será el del último partido, antes de que lo derriben. He sido directivo y recuerdo que andábamos justos en las inspecciones de la UEFA, sobre todo con los problemas de evacuación. Vamos a una instalación espectacular, que nos permite actualizarnos en el fútbol a todos los niveles. Más comodidad, más ingresos, más socios, la posibilidad de reagruparte con amigos o familiares... Es como cuando tienes tu primer coche de soltero, tu 600, no lo quieres dejar, pero al disfrutar del nuevo lujo se te olvida todo. Piensas que incluso tenías que haberlo cambiado antes. Además, no varía la ubicación, algo en lo que se han equivocado clubes, ni de estilo. No es como cuando se pasó de Atocha a Anoeta, con la pista. El nuevo campo será incluso más recogido, más cerrado, con mayor presión por la inclinación de las tribunas. No creo que al equipo le afecte en la primera temporada el cambio, aunque se hará raro no tener un fondo. El relevo era vital, muy necesario.



