Fórmula 1
1 1:30.029

L. Hamilton

Mercedes

2 a 1:30.147

V. Bottas

Mercedes

3 a 1:30.400

S. Vettel

Ferrari

7 a 1:32.126

C. Sainz Jr.

Lotus

16

F. Alonso

Mclaren

ATP 500 Londres/Queens
FINALIZADO
Marin Cilic CIL
7 7
Nick Kyrgios KYR
6 6
FINALIZADO
Jeremy Chardy CHA
6 4
Novak Djokovic DJO
7 6
WTA Mallorca
FINALIZADO
Sofia Kenin KEN
2 6 4
Tatjana María Malek MAR
6 2 6
FINALIZADO
Anastasija Sevastova SEV
7 6
Samantha Stosur STO
6 1
WTA Birmingham
EN JUEGO
Petra Kvitova KVI
6 5
Mihaela Buzarnescu BUZ
3 2
FINALIZADO
Barbora Zahlavova Strycova STR
6 4
Magdalena Rybarikova RYB
7 6
ATP Halle
FINALIZADO
Roger Federer FED
7 7
Denis Kudla KUD
6 5
FINALIZADO
Roberto Bautista Agut BAU
3 ab
Borna Coric COR
2 -

Con Messi, el miedo cambió de bando

Con Messi, el miedo cambió de bando

Fue un espectáculo ver a Messi en el banquillo, ¡algo tan insólito por otra parte! Esa actitud tan de muchacho aficionado, con cara de preocupación, comiéndose las uñas, sufriendo el fútbol como lo sufren los demás mortales, le hizo más próximo que nunca. El semidiós es, cuando no juega, un apasionado más del fútbol y de sus colores. Estaba como en una sartén, viendo cómo su equipo no se encontraba, sufría, se veía cada poco más inseguro ante un PSG que rozaba el gol, que rebotaba una y otra vez en Víctor Valdés. Hasta que llegó lo inevitable: gol del PSG, el Barça abatido, fuera de la Champions.

Así que tuvo que salir Messi y enseguida fue otra cosa. Medio cojo y todo, su presencia alteró el partido porque el miedo cambió de lado. El Barça estaba entrando en pánico, la aparición del astro le serenó. Y al revés: el PSG perdió la confianza, se le apagó la valentía. Y eso que no era Messi, pero se le parecía. Un poco como la leyenda del Cid, cuyo cuerpo inerte montaron sobre Babieca para asustar al enemigo. No era el Cid, pero lo parecía, y aquello bastó. Como ayer. Hubo un rato de Barça de verdad, de terror en el área francesa, hasta que llegó el gol de Pedro. Siempre él en los momentos de angustia.

Aún quedaba partido, pero ya no fue lo mismo. El Barça no se desmadejó, aunque el susto en el cuerpo había sido tan grande que duró hasta el pitido final. Messi siguió paseando su lento caminar, se atrevió a ofrecerse en alguna jugada, pero en cuanto intentó el primer sprint de verdad vio que no estaba para nada. Pero su influjo magnético, la conciencia de todos los que le acompañaban en el campo de que de ese pequeño cuerpo se pueden caer noventa goles en un año, pesó de forma decisiva. Así que pasó el Barça, a lomos de este jugador. Y ahora tiene dos semanas para recuperarse.