FRANCIA - ESPAÑA | LA CONTRACRÓNICA

¡El Gallo Español!

Los 2.000 españoles presentes en Saint Denis y los diez millones (¡como mínimo!) que lo disfrutaron por la tele gozaron de lo lindo con esta nueva gesta de España.

Tomás Roncero
Subdirector de Diario AS
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
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¡Olé, olé y olé!. Todavía me dura la euforia tras una noche de españolía y orgullo patrio en el corazón geográfico del vecino francés. París asistió enmudecida a un baile de la mejor selección del planeta Tierra. Fue maravilloso ver a Valdés emular al Iker de Johannesburgo, a Arbeloa torear con fiereza con el MVP de los galos (Ribéry, una máquina), a Ramos y a Piqué devorar a Benzema hasta obligar a Deschamps a sentarle para evitar un sonrojo mayor, a Monreal jugar como si fuese Roberto Carlos con el pelo rubio, a Xabi Alonso hacer de arquitecto, delineante, aparejador y jefe de obra a la vez (¡monumento para el tolosarra, ya!), a Xavi comerse sus dolores asumiendo que su presencia era necesaria para intimidar al 'gallito' francés, a Busquets recibiendo más palos que una estera hasta acabar en plan Camacho'82, a Iniesta exhibiendo talento, toque y conducción para que sepan en Francia cuando es correcto utilizar la expresión "¡Oh, lá, lá!", a Villa luchando para emular a su paisano Don Pelayo, que fue nombrado Rey por 519 nobles de Asturias un 26 de marzo del año 717, a un canario que luce patillas de bandolero listo y generoso con el pueblo que se comió a la zaga de los paisanos de Asterix con una jugada que quedará para el recuerdo, o a ese Navas (¡viva el Jesús del Gran Poder!) que parecía Curro Jiménez en la serranía andaluza regateando soldados franceses con su caballa blanco... España nos emocionó y no nos falló. Del Bosque, maestro y señor de este equipo imperial, puede dormir tranquilo. Vicente, gracias por seguir llevando a esta tropa de élite con mano de seda...

La Roja, de rojo. No estamos acostumbrados a ver a España con una monocromía tan fuerte-pasión. Rojos de arriba a abajo. Muleta española cien por cien. Soy de los que prefiero verles con la indumentaria tradicional, con pantalón y medias azules, pero admito que vistos así parecemos balas rojas. Lástima que salvo Pedro, Navas y Monreal el equipo adoleciera de velocidad en muchas fases de la velada. Ese es mi sueño. Ver el tiqui-taca mezclado con el efecto-volcán del fútbol vertical. Cuando llegue, seremos eternos.

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Kassai es un caso. Este húngaro de pinta altiva y gestos prepotentes nunca me gustó. Ya le vi actitudes extrañas la noche del Barça-Milán y en Saint Denis confirmó mis peores presagios. La caza al tobillo del español fue para Kassai un asunto de índole menor, tanto como para comerse tarjetas clamorosas a los Jallet y Matuidi, que repartían leña como si fuese la chimenea del Kremlin en una noche cerrada de enero. Lo de árbitro casero se adecuaba al personaje, y más cuando dejó su sello definitivo en las jugadas que deciden los partidos. Lloris derribó a Pedro, rodilla con rodilla, y se comió el penalti para no complicarse la vida. ¿Recuerdan de dónde es Platini?

Valdés & Iker. Ser suplente de una leyenda debe ser complicado. Y más verle en la tribuna de autoridades mirándote cómo te portas en este tiempo de espera hasta el regreso del gran capitán. Pero Víctor Valdés es serio, profesional y muy inteligente. Sabe cuál es su papel en este equipo y en París cumplió con creces. Paradón a Ribéry con el muslo y parada mágica a una mano a Evra. Paradas de gol. De las que te dan títulos. Cuando el gran Iker levante en el majestuoso Maracaná la Copa del Mundo en 2014, yo dejaré un hueco en mi memoria para los paradones de Valdés. Gracias, Víctor. Gracias, España. ¡YO SOY ESPAÑOL, ESPAÑOL!

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