De Francia, España, Torres y zorros

Casi estoy por decir que lo que me gusta más del fútbol es que crea sensaciones exageradas. El empate con Finlandia nos ha echado a temblar a todos de golpe (a mí también) y ha reabierto las polémicas. Los atléticos se acuerdan de Torres, los barcelonistas se duelen de la lesión de Jordi Alba, de que Puyol se haya operado pensando en la Confecup y de lo que pueda pasarle a Xavi el martes; y entre los madridistas crece la idea de que el tiqui-taca no es más que el decorado ante el que Messi marca sus goles. Celos mal reprimidos, pienso, del protagonismo del Barça en este periodo triunfal de la Selección.
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Por eso me conforta que desde Francia y desde la difusa galaxia de los apostantes nos sigan viendo favoritos para el grupo. Es verdad que se pudieron hacer las cosas mejor, que el tiqui-taca les cuesta más cada vez a España y al Barça a medida que los laboratorios de aquí y allá investigan antídotos, pero, con todo y eso, el empate no dejó de ser un accidente. Nueve veces más que jugaran, ganaría España, por poco o por más, con o sin tiqui-taca, con o sin Navas, con o sin delantero centro. Pero empatamos este porque esas cosas pasan en el fútbol, pasan desde siempre, les pasan a todos.
Francia toma nuestro tropiezo como un problema para ellos. Hubieran deseado esperarnos más confiados: ‘España es un toro herido’, dicen, una muestra más de que este país con forma de piel de toro sigue siendo asociado en todo el mundo con la corrida. Pero esta España no embiste como un toro, sino que ronda y busca como un zorro astuto y paciente. Le hará falta, eso sí, Xavi al frente de la sala de máquinas, porque él tiene el último secreto del ritmo cambiante que hace de verdad efectivo el tiqui-taca. También hará falta, sí, un puntito más de precisión de todos. Confiemos.



