El orgullo campeón de Cristiano
Noticias relacionadas
Cristiano empezó el partido obcecado, más preocupado en un duelo absurdo con Mallo que en buscar soluciones de batir la portería contraria. Incluso, por momentos, recordó al Cristiano de épocas anteriores donde se despistaba con los cánticos de la grada y por las faltas del contrario y no se centraba exclusivamente en el juego. Afortunadamente para el Madrid esa mala versión sólo duró 45 minutos. En la segunda parte CR7 tiró de orgullo y decidió echarse el equipo a la espalda para intentar evitar un ridículo en la Copa en un momento especialmente inoportuno de la temporada.
Se olvidó de los insultos del público, evitó batallas estériles en el centro del campo y fue madurando el gol a base de zapatazos. Claro que también es cierto que es más fácil meterte en el partido cuando la pelota te la da Özil, que cuando te la da Essien, por poner un ejemplo. La segunda mitad de Cristiano fue para enmarcar. Se mató a correr, se movió por todas las posiciones de ataque hasta encontrar las debilidades en la defensa del Celta y dibujó desmarques cuando el resto de sus compañeros la pedían al pie. Al final obtuvo el premio del gol, un tanto que no evitó la derrota, pero sí ayuda a pasar el mal trago copero que el equipo pasó en Balaídos.




