Yo digo

Newey sólo pudo rezar en Brasil

Raúl Romojaro
Redacción de AS
Actualizado a

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La imagen de Newey analizando los desperfectos del monoplaza de Vettel en Brasil fue tan impactante como anecdótica. Como bien explicaba ayer Joan Villadelprat en estas mismas páginas, es una práctica frecuente entre los equipos de F-1 y en el caso que nos ocupa creo que el ingeniero de Red Bull usaba la foto a modo de estampita para encomendarse quizá a San Cristóbal, el patrón de los conductores. Porque todos en ese muro sólo podían rezar esperando que la suerte de los campeones estuviera de su lado ya que realmente la intervención sobre el coche dañado fue mínima y de poca influencia en el resultado final. Simplemente, Vettel tuvo la fortuna de su lado.

Simplificando mucho, aunque no conviene hacerlo, dos son las claves de la ingeniería moderna en la F-1: la aerodinámica y la electrónica. Sólo unos centímetros más atrás y el toque de Senna habría sido la puntilla para las ambiciones del alemán. La configuración de carga del Red Bull se hubiera ido al garete y posiblemente también la suspensión o el eje trasero al completo. Pero no fue así y la providencia le permitió seguir. Llegados a ese punto, a Newey sólo le quedó el recurso de minimizar riesgos actuando sobre la gestión electrónica del motor, el software que dice cómo debe funcionar en cada momento y condición. La variación de ese mapa tampoco habría sido suficiente en circunstancias más adversas. Así que ya digo: les tocaba ganar...

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