Yo digo Raúl Romojaro

El triunfo de la lógica

Nos quedamos con la miel en los labios. Cuando parecía que todo se ponía de cara para que el milagro fuera posible, la situación volvió a una relativa normalidad y entonces ya muy poco se pudo hacer para evitar lo inevitable.

Raúl Romojaro
Redacción de AS
Actualizado a

Tremenda decepción.El disgusto no me lo quita nadie. Que no me digan que Alonso es un digno subcampeón (que lo es), que ha sido su mejor temporada en la Fórmula 1 o que la carrera de ayer en Brasil fue un torbellino de emociones. Estaba convencido de que este año sí, que el título que el destino le debía al asturiano iba a llegar contra todo pronóstico... pero al final se impuso la lógica. En este larguísimo Mundial, el binomio formado por Vettel y Red Bull ha sido el más consistente y por eso hoy se han levantado con la resaca de los vencedores.

Sin consuelo. Podemos tener el convencimiento de que Alonso ha exhibido méritos sobrados para ser también el campeón, saber que su solvencia está tan fuera de duda que incluso ha conseguido la gesta del reconocimiento de sus compañeros de parrilla, que ante todo son sus rivales. Pero eso tampoco sirve de mucho. Quien ha entrado en el club de los tricampeones, siendo además el más joven en conseguirlo, es un alemán que no se ha rendido y que nos ha robado esa pequeña satisfacción en una España que parece derrumbarse. El deporte se ha convertido en nuestro refugio, pero en esta ocasión no nos ha quedado ni eso... Lástima.

El mejor de los escenarios.Y la derrota, además, se consumó del modo más cruel. Porque llegamos a acariciar la gloria con la punta de los dedos, incluso desde la salida creíamos que el milagro era posible, que la fortuna estaba de nuestro lado. Y después la lluvia, no tanta como se esperaba, el baile de los neumáticos, el coche de seguridad, los abandonos... Todo apuntaba en la dirección correcta, el escenario era el ideal. Sólo se trató de un espejismo...

El valor del esfuerzo.Sin duda debemos reconocer y valorar el tremendo esfuerzo que han realizado tanto Alonso como Ferrari. Nunca han bajado la guardia, fueron capaces de sobreponerse a unos inicios titubeantes, han creído hasta el último minuto en sus posibilidades. Tanto convencimiento en que el éxito era factible nos contagió, Fernando emanaba confianza y optimismo. Sin duda el deporte se basa en los valores que el equipo italiano ha demostrado a lo largo de todo el año y, al menos en eso, debemos sentirnos orgullosos de participar en esa ilusión común.

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Momento de la autocrítica. Pero dicho esto, resulta obligado e inevitable que en Maranello realicen un severo ejercicio de autocrítica. Su piloto se ha cansado de decir que luchar por el título era un milagro, que no se puede aspirar a mucho más cuando se tiene el séptimo u octavo coche de la parrilla... Algo intolerable para una escudería que es mucho más que eso, que presume (y con argumentos) de categoría de leyenda. Hoy mismo deben comenzar a pensar en 2013 pero teniendo antes claro lo que ha fallado en este 2012. Porque resulta indiscutible que el coche ha estado siempre muy por debajo del piloto, justo lo que no se espera de un Ferrari.

Nuevas oportunidades.Lo mejor del asunto es que en sólo unos pocos meses habrá una nueva oportunidad. Si Ferrari encuentra el rumbo correcto, tenemos la certeza de que Alonso no fallará y eso es toda una invitación al optimismo. Ya hemos visto de lo que es capaz en inferioridad de condiciones, así que a poco que sus diseñadores e ingenieros den en el clavo, el futuro puede ser esplendoroso. A Schumacher también le costó en su primera etapa vestido de rojo... pero luego ya sabemos lo que ocurrió. Volveremos a soñar.

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