Hay que convocar a la épica

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La de Praga es la final número cien de la Copa Davis. Y en las 99 ocasiones anteriores, sólo se ha conseguido remontar al equipo que actuaba como local un 2-1 en cuatro ocasiones: la Francia de René Lacoste y Henri Cochet a Estados Unidos en 1927, Australia lo hizo ante los americanos en 1939 y en 1964, esta vez con Emerson y Stolle y, por último, la Rusia de Safin y Youzhny a Francia en 2002. Por lo tanto, lo que se abre este domingo es un escenario para la épica. Una oportunidad de firmar una remontada que daría a la sexta Ensaladera una dimensión tremenda. Con Rafa Nadal ausente todo el año y tres jugadores nuevos en el cuarteto respecto a la final del año pasado en Sevilla. No hay año de transición en un equipo con un fondo de armario tremendo.
Berdych, que estará como loco por cerrar y lograr 32 años después la segunda Davis para su país, aparecerá con 7 horas y 17 minutos acumulados en sus piernas en dos jornadas frente a 2:58 de David y un día de descanso. Si éste consigue restar las bombas planas para meter ritmo ("volverle loco", describe Corretja) y no caer en las provocaciones (las habrá) del checo, puede dejar el título en manos de Nico Almagro, con el perro viejo Stepanek enfrente. ¿Nos acordaríamos entonces de Feliciano López? Sí. Pero lo que está claro es que el dobles de los maestros Marc y Granollers era el mejor posible. Lo cantan los resultados. Y Almagro se ha partido la cara por el equipo todo el año. Es lo que pesó en la balanza. Lamentarse ya no vale. Lo que vale es convocar a la épica.



