Acabar con la dictadura de Tilke
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No pretendo cuestionar, ni muchísimo menos, la calidad del trabajo de Hermann Tilke, el ingeniero civil que parece haberse hecho con el monopolio del diseño de los más modernos circuitos de competición, avalado por el beneplácito del todopoderoso Bernie Ecclestone. Es más, la mayoría de sus obras me parecen espectaculares... pero si las consideramos como elementos aislados. Quiero decir que si lo poco gusta, lo mucho cansa. Y tener en los calendarios de Fórmula 1 o MotoGP tantos trazados con los mismos rasgos generales llega a resultar algo cansino, despoja de personalidad a estos escenarios y nos hace añorar, al menos a mí, el carácter de las pistas más clásicas, desde Spa a Monza o incluso esa ratonera única que se llama Montecarlo.
Por eso me congratulo de que en el proyecto inicial del nuevo Circuito de Gales no aparece, al menos de momento, el nombre del alemán. Será una buena oportunidad para que un país con la tradición en el deporte del motor de Gran Bretaña no caiga en la tendencia de los tilkódromos, como algunos ya denominan a esa forma de entender los circuitos y que encontramos en Turquía, Corea, India o, dentro de un par de semana, Austin (Estados Unidos). Uno de los encantos de las carreras es que cada trazado nos obsequia con características diferentes que condicionan el desarrollo de las competiciones, así que vestirlos a todos de tal uniformidad me parece una auténtica aberración. Y si además es una empresa española la que lo construye, mejor que mejor...




