Mourinho, los aciertos y las broncas
Los cinco goles de Vallecas tuvieron su réplica en Son Moix, donde un Mallorca frío como la noche se distanció mucho de la imagen que suelen dar los equipos de Caparrós. Incluso a éste se le vio extrañamente complaciente con cada madridista que pasaba por su lado, empezando por el abrazo a Mourinho, casi de película. Y todo ello en un campo semivacío, una vez más por valorar mal los precios. En Dortmund, ver al Madrid costó entre 12,50 y 60 euros. Anoche, en Mallorca, entre 65 y 135. ¿Nos creemos más ricos que los alemanes? La consecuencia fue una gran cantidad de plástico rojo a la vista.
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Para el Madrid fue coser y cantar. La goleada la lideró esta vez Higuaín, con dos tantos y dos preciosas asistencias a Cristiano, que hizo otros dos. Callejón, ya al final, remató la faena. Lo de Higuaín es el triunfo de la fe. Benzema ha pasado por delante, juega los partidos de más tronío, pero él no baja los brazos. Aprovecha su tiempo, con el Madrid o con Argentina, y mantiene viva la duda. Incluso se fue con cara de querer más cuando Mourinho le retiró para dar entrada a Morata, un brindis al sol en medio de las discusiones sobre la cantera, encrespadas tras su grosera admonición pública a Toril.
Pena que Mourinho tenga estas cosas, porque otras me gustan. Por ejemplo, su forma de mantener de puntillas al tiempo a Higuaín o Benzema, cosa nada fácil. O el manejo que está haciendo de Modric, que va ocupando silenciosamente un hueco en la plantilla. O la forma de hacerle sentirse útil a Callejón. En general, saca buen partido de todos, sabe tenerlos en la rueda a pesar de que haya un once titular visible. Pero ante agujeros tan grandes agradecería que diera algún cuartelillo más a la cantera o al menos que, en caso de no hacerlo, se abstuviera de avinagrar el ambiente en torno al Castilla.




