La victoria más especial de Pedrosa
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Todas las victorias dan los mismos puntos al ganador, pero es obvio que alguna de ellas se tiñen de especiales. Aquéllas en las que se doblega a un rival correoso en noble lucha, en las que se ignoran problemas físicos, se superan condiciones difíciles o que tienen una influencia determinante en la consecución de un objetivo. Por eso no me extrañó que Dani Pedrosa estuviera tan feliz con su triunfo en Sepang y no sólo porque le permitía mantener vivas sus remotas opciones al título de MotoGP. El catalán se despojó de inmediato del pesado lastre de sus actuaciones en mojado, siempre más próximas al desastre que a la gloria. Era algo que perseguía desde hacía años, que le costó la grave caída (y quién sabe si un título) en el GP de Alemania de 2008 y que quizá pudo llegar a pensar que jamás lo conseguiría.
Pero si algo sabemos de Pedrosa, además de que es rapidísimo con un manillar entre las manos, es que nunca se rinde. Las lesiones le han castigado con crueldad y siempre ha salido adelante. Así que capacidad de trabajo, pundonor y esfuerzo no le iban a faltar para intentarlo una y otra vez, incluso cuando parecía que se dirigía contra un muro infranqueable. Mucho entrenamiento, trabajo y concienciación para creerse que el agua no tiene que ser un enemigo, también puede jugar el papel de aliado. Como el domingo en Malaisia. El catalán de Honda está en la mejor temporada de su vida y hasta este desafío mayúsculo no debía resistírsele. Así ha sido y yo me alegro, seguro que a partir de ahora dormirá un poco mejor.




