Paz en el Bernabéu y truenos en Riazor

Paz en el Bernabéu y truenos en Riazor

Ayer habló Karanka en lugar de Mourinho y me pregunté si no sería porque al primer técnico le puso de mal humor el partido. Porque daba para ello. Otra vez el Madrid perezoso de los primeros partidos de Liga. Un gol chambón de Higuaín, otro de penalti de Cristiano y poco o nada más. El arranque no fue malo, pero pronto se disolvió el juego entre una actitud general de dejar pasar la tarde. Mourinho hizo coincidir a los tres violinistas (Kaká, Özil y Modric) y ninguno se esmeró. Encima, Cristiano estaba como sin electricidad, algo le pasaba. Por arriba el único que corría era Higuaín.

Eso de los tres violinistas venía a compensar el chasco general por la solución dada finalmente a la falta de laterales. Nada de cantera: Sergio Ramos a la derecha y Essien a la izquierda. Correcto éste, como lo hubiera estado Nacho. Aunque, con uno, con otro o con el que hubiere sido, a Marcelo se le echa y se le echará mucho de menos. Sobre todo en estos partidos del Bernabéu, a rival cerrado. En tardes así agita el ataque, crea peligro, eleva al público, disipa el muermo. Ayer no estuvo y hubo muermo, compensado a ratos en la segunda mitad por el buen estilo con que desplegó el Celta.

Lo que fue tremendo fue lo de Riazor. El Barça se puso 0-3 en un pis-pás, movido por un Cesc imperial. Aquello amenazaba un 0-7. Pero Paradas castigó al Barça con un penalti, seguramente por llevar la 'camiseta Calippo', que bien merece cualquier tipo de acción de represalia. Enseguida, un rebote, un despiste de Valdés y 2-3. Y segunda mitad trepidante, con un Barça con diez (sólo que uno de ellos era Messi), un Depor decoroso y más goles por aquí y por allá. La cosa quedó en 4-5, con Aranzubía atacando el último córner. Fue hermoso y emocionante. Y lo resolvió, cómo no, Messi.