La pataleta de un niño malcriado
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Maverick, siento mucho que no hayas podido leer estas líneas antes de regresar a España, ni siquiera sé si lo harás ahora que ya estás aquí. Si lo hubieras hecho, te habría pedido, incluso suplicado, que lo pensaras mejor, que aún estabas a tiempo de evitar un error del que quizá te llegues a arrepentir durante el resto de tu vida. Te diría que pidieras disculpas a tu equipo, a Ricard Jové, el hombre que te ha llevado hasta donde estás, a Carmelo Ezpeleta por el daño que le haces al Mundial, a esos seguidores a los que dejas huérfanos de su ídolo... Todos te perdonarían y tendrías una nueva oportunidad de demostrar que eres uno de los grandes, de los mejores que hemos visto en mucho tiempo. Aunque ayer te hayas equivocado, qué más da...
Tienes sólo 17 años y el derecho a cometer un error, sobre todo porque nadie ha sido capaz de advertirte de que ibas a tropezar con el riesgo de caer de bruces. Si te crees en posesión de la razón, defiéndela con argumentos, con honestidad, con resultados y con deportividad. Cierra la puerta del camión de tu equipo y aclara la situación, expón tus quejas y lucha por tus derechos, avalados siempre por ese talento descomunal que nadie te puede discutir. Es lo que hacen los hombres, no los niños; así afrontan las dificultades los valientes, no los que huyen por la gatera... Eres aún tan joven y tienes tanto por aprender que casi nada es imperdonable. Lo que temo es que ya sea demasiado tarde... o quizá no. Rectificar es otra lección que la vida te irá enseñando.




