El Madrid se sacude las angustias
Poco a poco vuelve la normalidad. Hubo luz y taquígrafos en Vallecas, no hubo meteorito (Martín Presa dijo por la mañana que el encuentro sólo lo podría impedir un meteorito), se confirmó el indulto de Sergio Ramos (que ha sido titular dos días consecutivos, si se mira bien), hubo una asistencia considerable y el partido se dejó ver. Buen Rayo, insistiendo en su fútbol escrito con buena letra y un Madrid que parece sacudirse sus angustias y que deja la sensación de poder relajado que conocíamos. Un gran contraataque, marca de la casa, le puso la victoria de cara y ganó sin desgaste.
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Hay que destacar la buena intención del Rayo con su fútbol, que sólo afeó con unas patadas fuera de lugar al final de la tarde-noche, cuando ya todo estaba resuelto y Lass y Casado (a éste le costó la expulsión) pegaron como si lo fueran a prohibir. Pero aparte de eso, el Rayo de Paco Jémez es una muestra de cómo ha llegado a las raíces de nuestro fútbol, hasta sus clubes más modestos, el deseo de jugar con estilo, el abandono de la vieja práctica del cerrojazo, del patada a todo lo que se mueva y el balón que no toque el suelo, de la costumbre de enfrentarse al fútbol con antifútbol. Aquel tiempo pasó.
Y el Madrid, decía, dejó buenas sensaciones, sin exagerar. Essien hizo lo suyo y Modric fue otra vez de más a menos, hasta dejar paso a Özil. Benzema mostró su versión lúcida en el gol y en alguna jugada más, Higuaín dio sensación de angustiado cuando le relevó. Mourinho va metiendo competencia en algunos puestos del equipo, con vistas a estimular el rendimiento, pero eso no aparta la sensación de que hay un macizo central de intocables y que es de éstos, y no de esa nubecilla cambiante, de quienes depende el asunto. Y por lo que parece el estado de ánimo de ese sólido grupo central mejora.




