Con Simeone y Falcao en Neptuno
Neptuno estuvo anoche bien acompañado. ¿Cuántos miles de atléticos se acercaron a soñar despiertos con él? Estos festejos del Atlético tienen algo especial por esa cosa tan atlética de vivir encima del alambre. Hace sólo dos años ya ganó esta copa y en la alineación de anteanoche sólo repetía un jugador, Godín. Y según avanzaba el partido con la aplastante exhibición de Falcao, el hincha repartía la euforia por el título que se presentía con el miedo a que nada más acabar el partido llegara al club alguna oferta irrechazable que enviara al genio colombiano a otro equipo. El Atlético, sí, es diferente.
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Pero pasaron las doce de la noche y Falcao sigue ahí, lo que no quita para que algunos sigan temiendo la amenaza de alguno de los países que cierran el plazo más tarde, en una pirueta de la UEFA que no comprendo. En realidad, no comprendo por qué el plazo no se cierra simultáneamente en todos los países y un mes antes, el 31 de julio. No entiendo por qué hay que arrancar con las plantillas incompletas, por qué hay estas turbulencias de última hora, ya con las competiciones en marcha y cómo tenemos un sistema tan loco que permite incluso abrir esa excepción de un mes en favor del Athletic.
Pasaron las doce y Falcao se quedó y yo no espero que se marche al Anzhi ruso ni a Turquía ni a ninguna parte. Todo en él me suena a atlético, al Atlético de toda mi vida, como me suena Simeone. Sobre estos dos hombres ha construido el club colchonero estos dos títulos europeos y el mejor partido que jamás le vi jugar a este equipo (hasta ahora tenía en ese altar un 3-0 al Cagliari, los tres de Luis Aragonés, Collar elegiría el 3-0 a la Fiorentina de la final de Recopa) y espero que sigan muchos años aquí, juntos. Al Atlético le queda algo por recuperar: su estatus de equipo Champions. Este año debe ser.




