El oficio de Álex y del oso ruso

El oficio de Álex y del oso ruso

El Di Stéfano recuperó el aroma de los viejos tiempos, aquellos en los que la vieja y extinta Ciudad Deportiva era un hervidero de ojeadores y cazatalentos. La cantera del Madrid ha salido por fin de su estado de hibernación y la afición acude orgullosa para ver a sus futuras joyas de la corona. Jesé es el más mediático, pero ojo que alrededor del atrevimiento y de la calidad del canario hay futbolistas con cuajo, sobrios, con tablas para defender en el Bernabéu ese escudo que tanto bueno simboliza. Me refiero, sobre todo, a Álex Fernández y Cheryshev. El primero, el turbina pelirrojo, es un mediocentro sensato, que sabe hacerse respetar. Su pase en el 1-0 fue puro orfebre. Juanfran, que perdió el AVE del Betis y ha optado por quedarse para hacerse más jugador en el Castilla, puso su elegante rúbrica al 1-0.

Luego llegó la sentencia del ruso atómico. El hijo de Cheryshev, buen delantero del Sporting en su día, me tiene ganado por su descaro y su verticalidad. Su definición en el 2-0 fue perfecta. Puso la emoción la cantadita de mi tocayo (Meji, ¡nunca pierdas de vista el balón!), pero tampoco Deulofeu y compañía se comieron a nadie. Juegan bien y bonito. Pero como sus mayores: no matan. El Castilla es fiel al estilo de Toril. Presión defensiva, entradas por bandas y pegada. Grandísimo filial.