Día para La Rojita y para la ÑBA
No fue bueno el primer día para España, aunque no vamos a hacer de menos los diplomas olímpicos de Pablo Carrera y Mireia Belmonte. No es fácil estar entre los mejores del mundo en nada, aunque no se alcance a ser uno de los tres que suben al podio. La fascinación por las medallas es uno de los encantos del suceso olímpico, pero con frecuencia nos lleva a desdeñar el papel del que no las alcanza, pero se queda cerca. Y liquidamos sus cuatro años de aislamiento, concentración y trabajo con un ¡pssst! Pablo Carrera y Mireia Belmonte fueron las ilusiones que nos mantuvieron vivo el día.
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Hoy la mirada la acapararán nuestras dos grandes selecciones, la de fútbol y la de baloncesto. La Rojita vuelve con propósito de enmienda y caras nuevas después del fiasco ante Japón. Se supone que entrarán Botía y Muniain, con lo que Milla espera mejorar la defensa y el ataque. Nadie hasta ahora me ha podido explicar cómo un equipo al que todos tenemos por tan bueno pudo jugar tan rematadamente mal. ¿La falta de Thiago le puede pesar tanto a este grupo? ¿Fue confianza, desinterés, despiste? Ahora se trata de ganar a Honduras y reemprender el camino.
Todo tras un viaje de distracción a la ceremonia inaugural. Un viaje que, gastos aparte (12.000 euros en un vuelo privado, la Federación de Villar ya es lo único rico de este país), me parece bien. El paso por el estadio, el disfrute de la ceremonia, habrá servido para espantar los fantasmas de sus cabezas. Lo que ya no sé es cómo les habrá sentado la ceremonia a las piernas de Gasol, nuestro gigante abanderado, al que tantas horas en pie le habrán cargado más. Pero no me preocupa mucho. Si hay algo de lo que no podemos dudar en estos juegos es del poderío del equipo de baloncesto. Hasta Kobe Bryant lo dice.




