Cuando en España íbamos con Brasil...
Según veía el autobús descubierto paseando por Madrid, sobre una alfombra roja que tendían un millón de aficionados, recordaba los tiempos en que nuestra selección de fútbol era poco o nada. No nos clasificamos ni para el Mundial del 70 ni para el del 74, por no hablar de los europeos de esos tiempos. En el 62 y en el 66 caímos en el Mundial en la primera fase. A partir del 78 empezamos a acudir de nuevo a los mundiales, para sufrir berrinches en la fase de grupos o a partir de cierto momento, en cuartos. Estas fases finales de Mundial (o Eurocopa) se esperaban con aprensión. Y nos consolábamos apoyando a Brasil.
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Sí, íbamos con Brasil, desde la desesperanza de que los nuestros llegaran lejos. Se trataba de digerir el bochorno de la eliminación (si es que habíamos llegado hasta la fase final) y luego mirar a Brasil, con sus camisetas amarillas, su aire desenvuelto, técnico, alegre, de juego que se dormía un rato y se aceleraba de repente. Nos daba por Brasil. ¿Por qué nos daba por Brasil? Los seleccionadores de aquellos años no se lo planteaban, y utilizaban poco a los Velázquez, Marcial o Germán y salpicaban el medio campo con abruptos pateadores de cuero. Y nosotros, tras cada caída, volvíamos a Brasil.
Un día, cuando la selección de Luis empezó a carburar, leí que la prensa sueca nos definía como "la Brasil de Europa". Me sentí orgulloso, aunque lo vi un elogio exagerado. Ahora me siento más orgulloso y ya no pienso que el elogio sea exagerado. Luis primero y Del Bosque después han hecho jugar a España como quería la gente de España, como mejor saben los jugadores españoles. Así que ya no tenemos que ir con Brasil, sino con La Roja, y hasta sabemos que los hinchas de cuatro quintas partes del mundo nos miran con aquel mismo respeto, cariño y admiración con que aquí mirábamos a Brasil.




