Rubén está hecho para el Betis

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El goleador, ese pájaro éxotico. No hay especie futbolística que más necesite del medio ambiente adecuado para sobrevivir. Sevilla, el cariño de una afición cercana, un sol perenne propio de la tierra canaria que le vio nacer... Rubén Castro estaba hecho para el Betis. Valga un ejemplo muy cercano: Kanouté, que se marcha del Sevilla tras hartarse de perforar redes, pero que se había peleado con las porterías inglesas hasta que las abrazó en Nervión. Rubén es un delantero completamente diferente al malí, por complexión y habilidades, pero también ha tenido que esperar algunos años para demostrar que pertenece a la estirpe de los depredadores habituales. Será una renovación merecidísima. A las estrellas del gol hay que darles lo que necesiten.
Queda la firma, los flecos de lo que se venía anunciando en este periódico desde antes que terminara el campeonato de Liga: que el Betis se había puesto manos a la obra para atar a Rubén y que éste, además, estaba encantado de ser atado. Lástima que una llamada de la Selección no le haya puesto dulce guinda a su temporada bestial, con 16 goles sin sospecha (ninguno marcó de penalti) y siete asistencias entre los números redondos del canario. Y porque no se le suma lo que corre, lo que presiona, lo que ha sufrido en la banda por exigencias del guión. Si se ficha a los extremos necesarios, Pepe Mel le devolverá a su sitio preferido, el área, y ya hay apuestas sobre si conseguirá superar la cifra de esta campaña: yo me lo juego todo a que sí.



