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Al Barça le abandona el desodorante

Al Barça le abandona el desodorante

'Se fue Guardiola, permanece el club', titulé, o algo así, mi artículo el día en que se anunció que Guardiola se iba. Me gustó esa sensación de que en el Barça siempre hay un reemplazo que sale de dentro, sean Xavi e Iniesta, Busquets y Pedrito, Cuenca y Tello o Tito Vilanova. Pero pasan los días y empiezo a pensar que aquella visión 'Mundo Disney' no era acertada y me siento en la obligación de decírselo. Algo no estaba bien resuelto, o bien planteado, o bien cocinado, en aquel relevo. Algo que deja la impresión de que la salida de Guardiola no fue tan feliz y ordenada como me pareció en su día.

Yo estaba convencido de que Bielsa sustituiría a Guardiola. Cosas que uno iba captando por aquí y por allá y que encajaban. Bielsa no había renovado tampoco por el Athletic (aún no lo ha hecho), su identificación con Guardiola es altísima, ha hecho un gran máster en España en el Athletic (club de cantera como el Barça) y, dicho con simpatía, está lo bastante loco como para intentar tamaña tarea. Pero Rosell no quería que Guardiola fijara sucesor, prefería otra solución, consistente en sustituir a Guardiola por su sombra, pero complotando a la sombra antes que al propio Guardiola.

Con lo que se ha destapado después, suena a ataque por la espalda, indefendible. Y abre malas perspectivas para el Barça, al que de repente parece haberle abandonado el desodorante. Laporta ha puesto las cartas boca arriba y el caso ya es comidilla nacional. El club que parecía estar en posesión de todas las soluciones está ahora en lenguas. Lo que más puede dañar a Vilanova es iniciar su periodo con la sospecha infamante de una deslealtad más o menos disimulada, hacia el hombre junto al que creció. El prestigio de Guardiola ha sido la savia del gran Barça de estos años. Ahora se ve al club de otra forma.

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