Villarreal: un problema estructural

El descenso del Villarreal es para sus aficionados igual de doloroso que el del Racing o Sporting, aunque más traumático para la entidad. Tiene un efecto dominó que conlleva que el filial descienda a Segunda B (cuando su plantilla -y nóminas- son de Segunda con miras incluso de Primera) y hasta pone en cuarentena el futuro del Villarreal C. Pero, y es lo más peliagudo, hace apenas siete meses competía en la Liga de Campeones y las fichas de sus estrellas lo son también, de Champions, digo.
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Futbolistas como Borja o Bruno son tan buenos como hace 48 horas, aunque su precio ya no es el mismo. En el fútbol uno no vende por lo que quiere sino por lo que otros están dispuestos a pagar y a ojos de los clubes compradores hoy en El Madrigal cuelga el cartel de 'rebajas', aunque hay alguno como el Valencia que mejor que ni pregunte. Al menos de momento.
Lo que le ha pasado al Villarreal da sentido al refrán que dice que cuando una cosa va mal aún puede ir a peor. Goles en los últimos minutos aparte (aunque en verdad sólo en Gijón dio un paso al frente para salvarse, porque ante el Valencia y el Atlético optó por jugar con fuego y se quemó), el Villarreal ni acertó con la confección de la plantilla (y no tanto por la salida de Cazorla sino más bien por los que llegaron) ni con el banquillo. Amén que las lesiones, en especial la de Rossi, le han amargado la existencia. Le toca reinventarse a la par que volver a su vieja gestión.



