Las verdades de un crack de barrio

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Decía Antonio Fernández, director deportivo del Málaga, que la cesión de Apoño al Zaragoza se resolvió "en 48 horas". La rapidez con que se resolvió su cambio de aires fue inversamente proporcional al número de jornadas apartado, sin entrar en convocatorias de un entrenador, Manuel Pellegrini, que le apartó por causas deportivas/extradeportivas/personales que rayaron la convivencia de un vestuario que contempló escenas poco gratas, extrapoladas a categoría mediática por los clásicos entornos/altavoces. Apoño antepuso su protagonismo deportivo a la realidad de un equipo, el Zaragoza, en descomposición deportiva, divivido socialmente y con un dueño/presidente que es el enemigo público de sus aficionados.
El Zaragoza, a pesar de ser colista y de tener pie y medio en Segunda, es un grande en España. Ha ganado seis Copas y dos títulos europeos. Un palmarés envidiable. 11.000 de sus seguidores se desplazaron a Valencia para asistir, contra el Levante, a la salvación agónica del club de sus amores. Por mal que esté, el Zaragoza merece la pena. El grado de implicación de Apoño con su nuevo equipo, con su entrenador, Manolo Jiménez (ya se lo quiso llevar al Sevilla cuando aún estaba en el Marbella), es sobresaliente. En esta interesante entrevista que reproducimos, Apoño se muestra respetuoso con su actual equipo, cariñoso con sus colores de siempre, comedido con Pellegrini y alerta con su carrera. Son las verdades de un crack de barrio.



