Orgullo de una afición ejemplar
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Los hinchas del Mirandés se dejaron sentir por Bilbao durante todo el día. Su aliento acompañó a los rojillos durante toda su ensoñadora travesía por San Mamés, que escuchó todo el repertorio visitante. El árbitro escuchó eso de "vas a ir al Ebro". Aunque se fue apagando a partir del tres a cero, renació con los tantos del honor de Blanco. Los 1.200 aficionados repartidos por el estadio estallaron y hasta el arco de La Catedral percibió su presencia. Muchos hicieron cola para conseguir entradas y se vieron ayudados por familiares y socios del Athletic que prefirieron no asistir a la semifinal. En Miranda, las legiones rojillas se concentraron en bares y domicilios con la vista puesta en el televisor.
Con el partido y la eliminatoria perdidos, Pouso decidió rotar a la plantilla y pensar en la Liga, en la que el desgaste copero puede pasar factura. Aunque aún mantiene cuatro puntos de ventaja sobre la Ponferradina, segundo clasificado, el técnico vizcaíno sabe que el premio por acabar líder es muy grande: jugar con dos barajas por el ascenso. Pasado el desgaste de la Copa, ésta debe servir de gasolina en momentos comprometidos. Porque el premio de la Segunda es tan o más jugoso que una final.



